Destruyendo ideologías basura en torno al dinero y negocios

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En tiempos recientes, quizás más que antes gracias a las redes sociales, han surgido algunos gurús de «libertad financiera» que parecen tener todas las respuestas. Estos son payasos del «sistema», veamos cómo puedes ir por encima de ellos.

Un efecto interesante que tiene la historia es que es fácil perder de perspectiva el camino que hemos venido transitando como humanos civilizados.

Es fácil creer que lo vivido antes es peor a lo actual, y en muchos sentidos sí lo es, pero quizás no del modo en que uno creería.

Muchas ideologías basura están demasiado prevalentes gracias a los prejuicios cognitivos que utilizan para validarse (actualmente corre una serie sobre prejuicios cognitivos exclusiva para suscriptores, puedes unirte aquí). Muchas se han vuelto oficiales y pan de cada día, cuando nuestro entendimiento de ellas no es tan bueno como uno quisiera.

Probablemente hayas escuchado de Napoleon Hill e incluso su famoso libro de Piense y Hágase Rico. Es considerado uno de los clásicos para emprendedores. Artículos como el escrito por Inc.com y Gizmodo desenmascaran a Napoleón como lo que realmente fue, un estafador que nunca conoció a Andrew Carnegie, el industrialista magnate, que solo se hizo rico después de escribir el ya famoso libro.

Muchísimos «coaches de negocios» siguen sus pasos, pintando a los grandes capitalistas como sabios de la montaña que conocen los principios de riqueza ocultos para la mayoría y que ellos (los coaches) son los buenos samaritanos que revelan estos secretos gracias a «un estudio ferviente a lo que ellos hacen».

Esto nos lleva irremediablemente a hablar de estos sistemas, el capitalista, el comunista y otros.

Lo que la historia no quiere que comprendas

El capitalismo tuvo su nacimiento oficial con la «Revolución Francesa», que en realidad es más terrorismo que una genuina revolución. Mientras que los sistemas monárquicos no son perfectos de ningún modo, a quienes más molestaba no era al ciudadano normal, sino al mercante que buscaba poder e influencia. Algo que hoy en día sigue sucediendo.

Sin embargo, el resultado de la Revolución Francesa no fue del todo el esperado por los banqueros, ya que Napoleón surgió de ella, un líder que no quiso establecer bancos privados ni centrales, en su mayoría patrocinados por acaudalados judíos usureros. Ya Inglaterra había sufrido y unido la influencia de estas personas, primero al ser expulsadas del país y luego retornadas gracias a la influencia de un «revolucionario», Cromwell.

La presión de banqueros hacia la monarquía inglesa fue la que empujó tanto bloqueos comerciales como conflicto bélico. No se dice mucho que la deuda que Inglaterra contrajo para su enfrentamiento con Napoleón todavía la seguían pagando para tiempos de la Primera Guerra Mundial. De hecho, esta no había hecho más que crecer.

Conforme cada país fue eliminando la influencia de reyes y reinas, o integrándolos efectivamente al sistema, como pasó en Inglaterra, con la independencia de los Estados Unidos y después del derrocamiento de Napoleón y el zar Nicolás II en Rusia de mano de un grupo de bandidos comunistas como Stalin, Lenin y Trotsky, se fue estableciendo el sistema mercantil, el «padre del capitalismo».

El sistema mercantil busca que el gobierno sirva a intereses de los privilegiados por encima de los intereses comunes de la población. Este sistema dio pie a crear mucha infraestructura que hizo mucho más ricos a los ricos, utilizando mano de obra muy barata, sin regulación y situaciones de injusticia para las clases más bajas.

En Estados Unidos, el sistema mercantil evolucionó al sistema americano, que ya traía ambiciones afines a la doctrina Monroe sobre el control de territorio y recursos incluyendo el financiero. El siglo 19 entre otras muchas cosas, se caracterizó por devaluaciones de la moneda basadas en la manipulación de bancos en torno a temas de agricultura y ferrocarriles.

¿La iluminación nos iluminó a todos?

La iluminación es famosa por la Enciclopedia. Es el nacimiento de la era del conocimiento. Detrás de la enciclopedia, los institutos buscaban sumar influencias sobre filosofías de gobierno, salud, educación, y en general sobre el comportamiento de la sociedad.

A la par que los institutos, se forjaban grupos intelectuales, de los iluminados. La iluminación fue también famosa por la cantidad de «sociedades» que surgieron para empujar agendas políticas, económicas y sociales ante los nuevos países que se iban formando o restructurando de acuerdo a los «nuevos tiempos». Empezaron a surgir después filósofos, muchos integrantes de estas sociedades que buscaban empujar agendas. Entre ellas está la socialista, la comunista y la capitalista.

No existen grandes banqueros de estos tiempos que no estuvieran ligados con temas de tráfico de esclavos, sexual, de drogas y mercancías. Incluso cuando la esclavitud se hizo ilegal en Estados Unidos, un esclavo pasó de costar $30 dólares hasta los $1,000. Igualmente el presidente Lincoln es famoso por hablar con representantes de la comunidad negra y comenzar la discusión con «ustedes y nosotros no somos iguales». Y es que estas sociedades de influencia que enaltecen a la raza blanca y usaban propaganda para denigrar la naturaleza del negro, diciéndolos tontos, débiles y simios, querían emancipar a los esclavos liberados y relocalizarlos fuera del país. Muchos así se fueron a Haití y República Dominicana.

Las bases del capitalismo

El capitalismo no trata de cosas tan simples como el que tú y yo vendamos algo por una ganancia. Es un sistema que a quien más afecta son al banquero y a los magnates industriales. El que tu hagas un pequeño comercio y tengas éxito es irrelevante para ellos.

Antes de la guerra de Lincoln, 1,000 familias controlaban la mitad de la economía. Hoy en día, el top 1% controla el 60% de la economía. A ellos son los que más les afecta el capitalismo.

Sí, existen emprendedores muy exitosos que se van sumando a esas filas, esto está permitido en el capitalismo, pero a sabiendas que nunca ascenderán tantos como para quitarles a estas élites su mayoría en en el olimpo.

Las familias de abolengo que más les beneficia el capitalismo son familias que construyendo sus bases en base a conflictos armados, tráfico humano, de drogas (incluyendo el azúcar), uso de la esclavitud (o sistemas de trabajos esclavistas), la usurería, que tienen una actitud particularmente elitista.

Igualmente con el capitalismo vienen efectos colaterales como la devaluación, la inflación y los desplomes de bolsa, que suele beneficiar a estas élites, pero que dañan al ciudadano común.

Con las guerras, los ricos pues inflaban precios de vestido y alimentos, justificando más riesgos y dificultades para producir. Como sucedió en la guerra de Lincoln, mucha gente pobre del sur moría de hambre porque los ricos dedicaban sus campos para sembrar algodón y no alimentos, porque naturalmente, el algodón dejaba mucho más ganancia y era más fácil de manejar ya que no es perecedero.

Irónicamente, esta famosa guerra civil fue considerada por muchos ciudadanos como «una guerra de ricos», ya que Lincoln representaba a los magnates de Nueva Inglaterra, quienes también tenían a sus esclavos.

Con la revolución industrial estadounidense, no se suele hacer énfasis el enorme rol que tuvo el pobre ser humano para hacerlo funcionar, llegando a usar niños desde los 4 años a trabajar en molinos de algodón, algunos perdiendo sus manos, o haciendo trabajar a mujeres jóvenes y niños en fábricas con químicos y ambientes inseguros, viviendo e barracas que asemejaban lo que es una prisión, hasta con «hora de dormir» establecida. Si ya no podías producir, simplemente eras abandonado en la calle. Con trabajos mal pagados y horarios laborales de hasta 16 horas diarias, es que se sembraron las bases del sistema que se mantiene hoy en día.

¿Cómo alcanzar la riqueza según los gurús?

La historia nos muestra que los grandes ricos se fueron estableciendo gracias a prácticas poco éticas, grupos de influencias y acceso a la banca. Muchos industrialistas fueron financiados por estos grandes banqueros gracias a las conexiones personales que tenían con ellos en estos círculos sociales.

Esta élite representa a una vasta minoría poblacional, y sin embargo controla la mayoría de recursos naturales y económicos en la tierra.

Luego debajo estamos todos los demás, muchos billonarios incluidos. Gente que compite por recursos intrascendentes (incluyendo tierras) en la gran escala de las cosas que buscan emular el sueño capitalista de las ganancias y de los beneficios.

Y en esta orbe es donde están los gurús de la riqueza queriendo promover los principios del top 1% que resulta inaccesible para la gran mayoría.

No solo ni siquiera te dicen cómo se forjan las fortunas más grandes, donde ni Amazon se salva con su Mechanical Turk (mano de obra extremadamente barata) que también pone a servicio de otros para facilitarse la vida.

Las verdaderas fortunas se obtienen a través de una desmedida ambición de poseer recursos vitales y de muy alta demanda, incluso algunos siendo ilegales.

El costo de ganar a lo verdaderamente grande

Las grandes elites controlan los bienes raíces más importantes, como minas, mucha tierra de campo, y hasta zonas con yacimientos petroleros, terrenos con agua, igual terrenos muy privilegiados para poner hoteles y corporativos.

A sus ojos, lo que tienen los demás son sobras que a ellos no interesan. Terrenos para poner una casa en una zona que puede subir o bajar de valor, así es el capitalismo. Las super élites no tienen riesgo de perder nada, muchos billonarios sí (no todos), porque no forman parte de estar súper élites.

El capitalismo tiene a sus consentidos, minorías muy pequeñas, que controlan recursos estratégicos. El resto, «nos peleamos por las migajas» que nos dejan. Sí, hay riqueza en ello, pero simplemente no es el mismo nivel.

Los de «abajo», la gran mayoría, el 99%+ competimos por tener negocios que nos permitan (1) sobrevivir y (2) prosperar. Funcionamos con las reglas que la mayoría imponen. Ellos controlan las tasa de interés y en buena parte influyen los ciclos económicos. Las tasas bajas de interés les permiten comprar grandes consorcios con dinero prácticamente sin costo, forman grandes fundaciones que sirven a sus propios intereses y en buena parte pagan muy pocos impuestos gracias a las complejidades de la ley.

Un inversionista muy popular dice «vive en un país, ten tu dinero en otro y tus negocios en otro». Otro pone, «es una estupidez morir por tu país». Más de una vez se nota que las élites no son fieles ni a su país ni preferencia política, solo a su comunidad. Esto lo ves seguido con los presidentes, que no siempre veces actúan en en beneficio de su gente. El capitalismo requiere un gobierno mercantilista, pero loq ue es innegable es que, aunque no sirven por completo a la población, tampoco la han ignorado del todo.

Las dicotomías de la justicia

Las super-élites no piensan como tú ni como yo. Son gente que ha usado los mecanismos que puse arriba para acumular fortunas, algunas incluso transgeneracionales. Son gente con empresas en temas de infraestructura de miles de empleados que miran como mano de obra a sus ojos, desechable, solo un gasto más.

Para estas super-élites, tu felicidad significa complacencia con el sistema, para ti, significa realización. Así se planeó la educación, que sea complaciente.

Puede resultar difícil de creer porque es prácticamente imposible oír o ver lo que piensan y hacen estas super-élites. Es fácil imaginar que esto no existe.

La dicotomía de la justicia crea dos versiones de ellas, uno es lo que para la super-élite es justo y otra es lo que para la masa es justo. Para la élite solo es justa una cosa, ellos controlar la economía. Están preparados y viven en un entorno que les hace creer que ellos son los indicados. De aquí viene el verdadero poder. Una vez hecho esto, permiten una democracia medianamente libre, donde la justicia para las masas está entre las peleas de derechos entre izquierda y derecha. Sí, las super-élites tienden a ser de derecha, pero igualmente saben funcionar en la izquierda.

Históricamente tenemos ejemplos como que Stalin fue brevemente empleado de los Rothschild en su refinería, de donde empezó revueltas comunistas en 1905 y luego en el poder ya tuvo tratos más directamente con esta gente.

En caso de las guerras, la justicia para ellos está en poder explotar la situación al tener grandes contratos para suministrar todo tipo de materia prima bélica, desde equipamiento, alimentos, armamentos, maquinaria, químicos, etcétera, mientras que los de abajo van a «defender su bandera».

Las guerras han sido la justificación perfecta del banquero para «resetear» la banca después de muchos malos manejos que dañan a la población sin que cambie de fondo nada para ellos, pero sí para muchos millones de ciudadanos comunes. El político simplemente les ayuda a distraer a las masas al apuntar el dedo a otro lado y echar culpas a otros.

En búsqueda de la felicidad

La única mejora que ha tenido el capitalismo sobre otras formas de gobierno de dinero es que permiten al ciudadano común acumular ganancias y al pobre recibir beneficios por beneficencia. Sistemas comunistas no son muy distintos en realidad, pero sus diferencias si son molestas, como el no poder heredar recursos a los hijos y el fuerte involucramiento del estado en los mercados.

Sin embargo, esta libertad tiene un alto costo.

Aunque las gráficas oficiales muestran una mayor distribución de riqueza en lo general, lo cierto es que es hoy en día es cada vez más difícil para un empleado común hacerse de una casa con jardín, un auto del año y costear esparcimiento con privilegios.

Es mi opinión, al igual que de algunos analistas y pequeños banqueros, que muchos análisis de banqueros, especialmente provenientes del FMI sobre la situación de distribución de riqueza e inflación, especialmente en Estados Unidos, vienen «tocadas» para minimizar la realidad financiera. Por ejemplo, puede ser cierto que más dinero fluya a ciertos países pobres, pero eso no significa que dentro de esos países se distribuya equitativamente. Como dice el chiste, si estoy en un restaurante donde está también Carlos Slim, en promedio, todos allí seríamos ricos.

Las super-élites no se preocupan demasiado por «perderlo todo», más bien solo por no perder el control. Los de abajo, sí nos preocupamos por «empezar de cero.» Pero los medios romantizan esto en cuentos de emprendedores muy exitosos que vienen «de la nada» o están hechos «por sí mismos.»

Sin embargo, estas élites en algún momento empezaron igual como comerciantes, pero es en buena parte gracias a sus comunidades que pudieron crecer tan rápido a tamaños inimaginables. Incluso los que vinieron después, gracias a estas comunidades, se fueron haciendo de financiamiento de los «dueños del dinero», los grandes banqueros, que daban trato preferente a estos. Por ejemplo, así pasó con Cecil Rhoades (alrededor de los 1800s) y el aun monopolio de diamantes, DeBeers, con su sociedad «La Mesa Redonda» que buscaba promover la supremacía inglesa en los pueblos africanos y en general con el mundo, especialmente sobre Estados Unidos.

Leyes elitistas

Estados Unidos es un país curioso en tema de separación de poder económico y político. Nunca lo ha tenido.

Uno de sus fundadores, Alexander Hamilton incluso tenía intereses bancarios y era un ferviente promotor de establecer bancos centrales, beneficiando a su círculo. Con él se levantó un primero, que fracasó, y luego se hizo un segundo bajo la presidencia de Andrew Jackson, un presidente falsamente llamado «de la gente», que terminó «expirando».

En esos tiempos era común que los políticos tuvieran inversiones o en plantaciones de algodón o de tabaco, usando mano de obra esclava y creando regulaciones que beneficiaban a los dueños, como el poder ser excluidos del servicio militar.

Actualmente, prácticamente todos los billonarios pueden proteger sus fortunas del fisco, pagando muy pocos impuestos, además de que por lo general sus empresas reciben contratos de gobierno, con sus respectivos estímulos y tratos preferentes bajo el argumento de patriotismo, como al protegerlos de la competencia internacional o usar instancias diplomáticas para establecer acuerdos que les permiten acceder a recursos exclusivos y mercados, muchas veces dañando la competitividad local y la generación de riqueza local. Estas leyes favorecen a la super-élite, pero son desconocidas para más del 99% de la población.

Las leyes suelen tienen omisiones que permiten a ciertos grupos evadir ciertas responsabilidades o crean oportunidades para ellos. Algunas se pueden aprovechar por grupos más extensos, pero no es por azar que las leyes suelen mantenerse complicadas para este fin, especialmente en Estados Unidos.

Todo tiene un precio

El capitalismo viene con su propia doctrina.

Los medios nos venden que la felicidad y la libertad están vinculadas de cerca con el tener una cuenta de banco llena y una tarjeta de crédito «premium».

Tener estas dos cosas te permite viajar por el mundo. La gente que vive en California sabe que si quiere vivir en un lugar con sol, «tiene que pagar por eso».

Nuestra cultura actual vincula todo «lo bonito» al dinero de alguna forma, que aquello que resulta difícil de valuar no lo tomamos mucho en cuenta, como sucede con el eterno debate del cambio climático asociado a la contaminación. Nos venden ideas de que hay que utilizar coches eléctricos en ves de los de combustión, pero las minas siguen usando ácido arsénico, que contamina fuentes de agua e intoxica la tierra sin que nadie se queje. Este es el arte de la propaganda en acción.

La propaganda capitalista nos ha enfocado demasiado en generar ganancias o en recibir los beneficios que el capitalismo da, especialmente cuando renunciamos a nuestra propiedad. Todo tiene un precio, y el precio de ser enfocado a la ganancia es que esto ayuda a concentrar ciudades. Si bien el mercado del trabajo optimizaba costos al tener cuartos junto a las fábricas, ahora no es así, pero tienes edificios de apartamentos cada vez más grandes donde tienes reunida a tu fuerza laboral. Esto era algo que Hitler jamás habría aceptado para sus pueblo, pues quería que todos tuvieran un jardín. La conexión con la naturaleza es vital para la salud mental.

Las similitudes no son mera coincidencia. La vida en apartamentos no suele ser tan feliz como en una casa con su jardín para disfrutar y donde los hijos pueden jugar, a nivel de suelo. Económicamente hablando, en un terreno donde pudieran haber 4-6 casas medianas o grandes, puede haber una o dos torres con 12 apartamentos cada una. El retorno de la inversión de 24 apartamentos contra 6 casas va a ser mayor, porque además esos apartamentos tienen el mismo diseño, así que se optimizan también los costos.

Un mundo poco amigable con la banca chica

Sí han existido regímenes que han estado cerca de lograr la pobreza cero. Tanto en Estados Unidos, Europa y Japón existieron esfuerzos de economistas intelectuales de establecer sistemas financieros no basados en deuda. Inglaterra de la era barroca usaban madera como dinero de forma muy eficaz.

Actualmente el profesor Richard Werner, alemán, ha revelado que buena parte del secreto del éxito de la economía alemana ha sido gracias a la banca pequeña y regional. Son bancas que conocen muy bien los intereses de sus regiones y establecen programas que les funcionan bien. Típicamente en las crisis financieras, los grandes bancos terminan ganando y muchos de sus pequeños competidores, desapareciendo.

Los grandes bancos han sido respaldo de la ambición desmedida (casi avientan tarjetas de crédito para arriba a sus clientes) y su propaganda de mantener la banca ajena del control del estado ha funcionado bien para la persona común. Los pequeños bancos permiten mucha menos especulación y se basan más en la productividad.

Los grandes banqueros y sus académicos tienden a ser «consejeros» en las decisiones de banca central nacional, donde básicamente ellos escriben sus propias reglas y dan rienda a su ambición, aunque usen como máscara a legisladores asignados que saben poco más que nada sobre banca, como pasa en Estados Unidos.

El pequeño emprendedor es mejor servido por la banca pequeña local, que es más probable realmente considere sus intereses.


En este artículo apenas rascamos la superficie es una larga cadena de sucesos que han ido formando el mundo actual.

La pregunta para ti es, ¿donde se pinta la línea entre bienestar y ganancia?


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