6. Deja de perder el tiempo

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Existen varios elementos que nos hacen detenernos para lograr lo que deseamos, pero salir adelante no es tan difícil como parece una vez pones en práctica un simple método.

Desde adolescente me lo cuestionaba, ¿qué hacen algunas personas, especialmente los ricos hechos solos, en su día a día, que les atrae mucha más fortuna que a la persona común?

Quizás de este tipo de preguntas viene la noción de que los mortales pensamos que ellos cuentan con algún secreto que el resto desconocemos.

Es fácil desestimarlo, pensar que tienen suerte o que tienen la mesa puesta, porque no tantos ricos vienen de la pobreza.

De hecho sí hay pequeños secretos. Pero no son secretos sectarios que como pasa con las comunidades mayas, no se escriben en libros y solo se comunican de padres a hijos. Estos son secretos a simple vista, están bien expuestos en libros y a veces ellos mismos los revelan en charlas y entrevistas. El problema entonces no es que desconozcamos qué hacen, sino que no todos estamos dispuestos a invertir nuestros propios recursos en perseguir nuestras propias metas.

No hay que olvidar que lo difícil de adquirir un nuevo hábito, no es el nuevo hábito en sí, sino reemplazar otro que ya está bien plantado en nosotros.

Lo que hacen diferente los ricos es el cómo usan sus recursos, y uno muy particular, su tiempo.

Este capítulo trata de administración del tiempo.

El tiempo, como algunos otros, es un recurso psicológico. Físicamente tiene una definición un tanto ambigua por lo relativo que es a nuestra posición en el espacio, de nuestro día y noche. Pero a nivel psicológico, trata de cómo balanceamos el tiempo entre descanso, recreación y trabajo.

Dado a que es un recurso psicológico, el manejo del tiempo puede ser un causante de estrés, y una mala respuesta a este estrés, puede causar varias acciones pasivas improductivas o destructivas, simples malas decisiones.

Ejemplos de ambos son la falta de un plan de vida, de visión personal o de metas, la distracción, el ceder a tentaciones, estar demasiado fijado en la gratificación instantánea, lo que provoca poca perseverancia o pasiones que se apagan rápido, el simple mal manejo del tiempo, eso que suelen decir que uno es reactivo y no proactivo, como el responder a cualquier email que llega, interrumpiendo trabajo que podría ser más importante o al no delegar actividades sin relevancia que ocupen tiempo, y claro, la famosa postergación o procrastinación, dejar lo importante para luego, para mañana.

Ejemplos más psicológicos del pobre manejo de tiempo son el miedo a ser juzgados, rechazados o de fracasar, lo cual limita incluso hasta la energía y entusiasmo que pones en tu trabajo.

El perfeccionismo basado en inseguridad, el siempre estar queriendo refinar tu plan o esperando el momento ideal para actuar y ondeamos la bandera de que somos pacientes. También claro, aquellos que leen y leen, o van a curso tras curso y nunca actúan.

Y la falta de consciencia, pues no realizas tu potencial porque decides mantenerte dentro de tu zona de confort o porque no quieres cometer errores. No usas el tiempo en fortalecerte, en probar cosas, en ganar experiencia. Las acciones pasivas como estas son a su vez causantes de enfermedades mentales, como el caer en vicios o la depresión, y regresiones, como el debilitar tu carácter, sentirte menos, débil o tonto.

Es normal sentirnos entusiasmados cuando de pronto tenemos una idea o nos llega una visión efímera. Hay que poner atención a eso, porque nuestra mente nos dice qué es lo que nos mueve.

Luego viene el error. Le llamamos a esto motivación, como tener ganas de hacer algo. Pero la realidad es que la motivación es como la luz, la vemos cuando existe, y se esfuma después. Pensamos que ese momento de entusiasmo que tenemos, de que se nos prende el foco, es motivación. No lo es, eso es mero entusiasmo.

La motivación ni siquiera importa. Así que deja de buscarle significado.

Alguien preguntaba a un empresario, “¿qué hace un emprendedor para encontrar la motivación?” y él daba una respuesta asertiva, “si requiere encontrar la motivación, será mejor que se dedique a otra cosa”.

Lo realmente importante es la disciplina y la determinación.

La disciplina no requiere motivación, simplemente es acción programada en hábitos. Los militares fuerzan estos nuevos hábitos en sus reclutas, después del comienzo difícil y de pensar mil veces en renunciar, estos hábitos se integran en la personalidad del militar.

Lo que vemos en los empresarios exitosos es exactamente eso. Vemos que ellos ya integraron los hábitos que les permite usar lo mejor posible su tiempo de acuerdo a sus proyectos.

La disciplina es como la corriente de agua o la corriente eléctrica que se mide en ampéres.

La determinación es la presión con la que sale disparada esa agua o el voltaje, que sirve para empujar la corriente eléctrica.

Para algunos, la determinación viene de la necesidad. Para otros vienen de compromisos con otras personas. Otros incluso se saben manipular a sí mismos, dándose premios al ir consiguiendo el éxito, como comprarse tal coche o viajar a tal lugar. Para los más maduros psicológicamente hablando, viene de un carácter sólido, de buscar una transformación de su vida, de su familia y de tener un impacto positivo en otros.

Haciendo un paréntesis, recuerda la dualidad de la que hablamos en el capítulo 2. Hay estafadores que se disfrazan usando estos elementos para entusiasmarte a ti, reflejando lo que tú careces y que ellos de alguna manera ofrecen a través de seguirlos a ellos, de su persona. Hay otros que se ven similares que sí son genuinos. Ten cuidado cuando la personalidad inspira más que su contenido.

Volviendo al tema.

En psicología, desarrollar tu intelecto toma tiempo. Ganar experiencia toma tiempo. Hacer buenos negocios toma tiempo. Aprender toma tiempo. El tiempo es un recurso psicológico y entre tanto no te des el tiempo de aprender y experimentar, tus decisiones seguirán siendo pobres, tus acercamientos seguirán siendo malos y tu tiempo seguirá siendo usado en vano.

Hay decisiones constructivas y destructivas. Ya vimos que las destructivas son de dos tipos, la propia destructiva, de ganar y perder, y las autodestructivas, de perder y ganar. Tú pierdes, y el otro gana (y quizás obtiene satisfacción de eso).

Así que define bien tus prioridades. ¿Qué es lo más importante que puedes hacer hoy? ¿Tienes las habilidades para hacerlo adecuadamente? Si no, tener éxito tomará algo más de tiempo.

Es un mito eso que dicen muchos de que el entusiasmo se vacía hacia el final de la mitad del día, pidiéndote que hagas lo más importante en la mañana. Cada quien tiene sus formas y debes adaptarte a ti mismo de modo de que puedas producir un resultado bueno que te haga decir al final del día que el día fue bueno, aunque haya sido un día difícil. Así la mayoría de los días.

Lamentablemente es cierto que si estás muy ocupado en otras actividades, pues no tengas el tiempo suficiente para invertir en tu proyecto. Y es ahí donde debes redefinir tus prioridades, lo cuál puede implicar un sacrificio. Si quieres mucho algo y simplemente no ves que tengas el tiempo, por compromisos o lo que sea, será mejor que te pongas de acuerdo contigo mismo, porque estás siendo autodestructivo, lamentándote y frustrandote por no tener tus prioridades claras. Si lo otro tiene entonces la prioridad, ¿de qué te quejas?

Hacer lo correcto para cada quien no es fácil, y como ya dije, toma tiempo. No se trata de ser paciente, se trata de simplemente entender que las cosas buenas toman su tiempo y entretanto dediques algo de tiempo al día para atender tus prioridades, vas a tener un buen día la mayoría de las veces.

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