Día 1: Riesgo
No metas más a la máquina de lo que estés dispuesto a perder.
Emprender es un proyecto de alto riesgo en lo general, y entre menos en control te sientas del negocio en general, más incertidumbre hay.
Es posible perder todo lo que le metas: tiempo, dinero, energía y cualquier otro capital.
Acepta que estás en una fase de alta experimentación y trata a tu proyecto como merece en este punto. No metas toda la masa al horno, ni compres el mejor horno de a una sin antes ver que puedes hacer un buen pan.
Invierte el dinero que tengas en plan B y C, como CETES u otro negocio. La diversificación ayuda a proteger tu patrimonio.
Al emprender, no metas todos los huevos en una canasta.
Así que para tu primer día, ve cómo diversificar tus recursos de forma astuta. Igual después cuando tengas tu negocio tendrás que hacerlo. Dinero en el banco es dinero que debes de usar en el corto plazo, como flujo de efectivo.
Por ejemplo, CetesDirecto en México permite invertir al día (Bonddía), significando que mientras tu dinero gana una tasa quizás más alta que la inflación, puedes retirarlo de un momento a otro sin entorpecer su disponibilidad, o liquidez, como dicen los financieros.
Así mientras armas tu plan, tu dinero no pierde valor con las termitas de la inflación.
El riesgo es un tema que se ha estudiado y buscado controlar en forma desde el siglo 18, y aún hoy no hay una respuesta definitiva al problema de perder todo.
La mejor herramienta que tienes a tu disposición para mitigarlo es la diversificación y los seguros (y *hedges* a gran escala, que son una forma sofisticada de que las empresas se aseguran de los riesgos que les amenazan). Existen muchas perspectivas de cómo entender el riesgo, que van desde la estadística que funciona asumiendo que existe el azar hasta la teoría del caos que supone que cada eventualidad ocurre por una causa subyaciente, de alguna forma todo tiene causa natural.
Pero algo que debes de saber es que el control del riesgo se basa en limitar tu pérdida, mientras tienes un potencial infinito de ganancia.
En el camino de emprender es fácil cometer varios errores que nublarán la imagen del éxito futuro de tu negocio.
Desde ser demasiado necio en su éxito y no ver las señales de que el negocio no está funcionando, o bien, desarrollar una visión de túnel que nos hace dar más importancia a unos elementos que otros, de forma selectiva o subjetiva, ignorando que en realidad todo puede ser relevante. Ocurre con frecuencia en negocios que buscan vender pero ignoran los precios adecuados, o mejor dicho, la ganancia que debe tener cada venta, para asegurar de que la empresa es viable.
Ten cuidado especialmente si buscas entrar en una aceleradora de negocios en el futuro, porque los métodos de ellos son antinaturales.
Ellos diversifican inviertiendo en varios negocios, y te pedirán que tú no lo hagas. Tú tienes que apostar todo a tu proyecto. Si fracasas, «pivoteas» a otra cosa. Las ideas las obtienen en sesiones de «brainstorming», y todo parece muy controlado. El ambiente muy bueno. Lamentablemente la realidad es que solo poco encima del 1% de las empresas de ahí tienen éxito, y esto hablando de las incubadoras top como YCombinator. Segundo, las ideas vienen de aceptar el azar y tropezar con la oportunidad. Quizás tú mismo beneficándote de tu solución, más que de una sesión de racionalizar ideas que simplemente se te ocurren.
Peor aún, una aceleradora buscará que te enfoques en el lado positivo, cuando en realidad querrás enfocarte en el lado negativo.
Es común ver emprendedores ilusionados y esperanzados con el enorme potencial que su negocio representa, pero en realidad, deben de preocuparse primero por sobrevivir en el mercado, antes de empezar a buscar cómo hacer un lanzamiento de oferta pública en la bolsa y hacerse aún más ricos en papel.
Los métodos que usan las aceleradoras de negocios no necesariamente son los que tú necesitas, ni siempre tienen sentido para el negocio, porque desde pronto tendrás que preocuparte por temas administrativos complejos, como el si es mejor inflar el valor de tu acción por encima de vender, para así mejor ganar dinero vendiendo acciones de tu empresa que productos.
Para que sobrevivas este viaje tienes que mantener los pies en la tierra. Tu arma principal será tu sentido común, que balancea el lado racional con la realización de tus expectativas o ganancias (la contraparte del riesgo).
Tu sentido común se afila haciéndote las preguntas básicas que aprendiste en la primaria.
- ¿Quién?
- ¿Cómo?
- ¿Cuándo?
- ¿Dónde?
- ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?
Las ideas deben de ser claras. Lo suficientemente simples para que tú las entiendas y las comuniques. Deben de tener una razón de ser.
A partir de ahora, cualquiera idea que tengas que no puedas explicar a tu abuelo o a un niño de no más de 12 años, es una idea que no has entendido lo suficiente como para comunicarla efectivamente.
Al emprender asumes un gran riesgo, y ese riesgo se parte en otros. Al vender, al hacer publicidad, al hacer tu producto, al enviar tu producto, al administrar tu proyecto. Vas a tomar muchas decisiones. Cada decisión conlleva un riesgo. La ganancia o la expectativa que esperas con cada decisión debe de tener sus pies en la tierra.
Por ejemplo, si vas a invertir un dólar en publicidad, ¿cuánto esperas recuperar? Si quieres ganar $1.50 dólares por cada dólar invertido (una ganancia de 50 centavos), entonces ¿qué precio máximo debes aceptar pagar publicidad respecto al precio de venta?
Aún no hablamos siquiera del producto, y aun así debemos ver sentido en los números. Entender su lenguaje.
Por un lado está la expectativa de ganar 50 centavos, y luego, ¿cómo limitamos la pérdida?
No siempre la publicidad traerá frutos. Habrá que cortar las pérdidas a un mínimo. Quizás no más de $100 o $150 de presupuesto, eso lo decides tú. Si no se logra al menos recuperar esa inversión, hay que volver al pizarrón, replantear y volver a intentar.
Busca asegurar tu empresa de alguna forma, limitando su exposición a la pérdida. Nunca aceptes una exposición más alta de lo que puedas cómodamente soportar.
Una vez más, no metas todos los huevos en una canasta.

